ANTONIO B. CELADA ALONSO

SEMBLANZA-BIOGRAFÍA DEL MAESTRO ANTONIO B. CELADA ALONSO, Prefecto de Música de la Catedral Primada, Académico de la Real Academia de Artes y Ciencias Históricas de Toledo y Profesor de Música

 

     Cuando el instituto El Greco me propuso elaborar la biografía del padre Celada, nada me extrañó. Conozco a don Antonio desde que arribara a Toledo, procedente de Madrid, Ávila y Astorga en el año 1976, que es cuando toma posesión (el día 8 de enero) del Beneficio de Canónigo Prefecto de Música, por oposición, de la Santa Iglesia Catedral Primada.

     Pertenece el padre Celada a una familia de músicos. Nació el día 1 de septiembre de 1930 en Astorga(León). A los siete años ya interviene como educando o aprendiz en la Banda Municipal Asturicense., alternando su educación como flautista de la misma con la de seise en la catedral. A los doce años ingresa en el Seminario Menor y aprender a tocar el piano. Más tarde, siendo ya alumno del Seminario Mayor, a Celada, en vista de sus aptitudes para el canto especialmente, le encargan sus educadores dirigir la Schola Cantorum y, en 1954, es ordenado sacerdote.

     En sus primeros lugares de destino, don Antonio desarrolla su gran labor musical con cuantas corrales le salen al paso. Al regir, pues, la coral astorgana, ya ha practicado como director de varios coros infantiles (voces blancas) y mixtos.

     En Ávila reside diez años y en 1960 es nombrado ya Maestro de Capilla y organista primero de la catedral. Allí funa la escolanía San Pedro Bautista, de pueri cantores, con cuarenta voces blancas, obteniendo con ella varios premios en diversos concursos nacionales. Asimismo funda y dirige la Coral Tomás Luis de Victoria (con cincuenta voces mixtas) y consigue obtener el primer premio de corales de Valladolid. 

     Continúa sin tregua ampliando sus estudios de órgano, contrapunto y fuga con los maestros Guridi y Calés, así como la carrera de Magisterio y Pedagogía Musical; mientras, no cesa en su actividad predilecta: promover y promocionar conjuntos corales.

     Más tarde, pasa a residir en Madrid, donde vuelve a formar otra gran coral en la parroquia de los Dolores, con la que disfruta de numerosos conciertos, mientras sigue ampliando y perfeccionando sus estudios musicales, hasta lograr el título de Composición y Pedagogía.

     Por fin de Antonio celada llega a la Imperial ciudad, tomando posesión el día 8 de enero del 76, como dijimos, del Beneficio de Canónigo Prefecto de Música de la catedral primada, obteniendo por oposición a dicho cargo. Acto seguido se hace cargo de lo que realmente constituye la pasión de su vida: la escolanía de Nuestra Señora de los Infantes, así como de la Coral Toledana (nacida en 1996), al tiempo que se ocupa del grupo de seminaristas (Cantores Toletani) en cuyos coros consigue aunar la friolera de 180 voces mixtas.

     Es propuesto don Antonio celada para pertenecer a la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, de la que pasa a ser en el año 1977 Académico Numerario y presenta Mis villancicos, como resumen de su trabajo musical, en un elocuente discurso de presentación, que es contestado por otro Numerario ilustre, don José Carlos Gómez Menor, sacerdote y poeta de gran sensibilidad.

     En 1980, después de una lucha titánica y noble, venciendo en Toledo barreras y dificultades, consigue que llegue el tan deseado y necesario conservatorio de músic,a que da en titular Jacinto Guerrero, en honor del toledano compositor de zarzuela, ejerciendo en el como Director-Fundador desde el curso 1980-81, en que nace, hasta el año 1987, cuando su apasionado corazón le juega una mala pasada y dimite de su cargo para continuar su ministerio sacerdotal y la enseñanza musical en el instituto El Greco de Toledo.

     Aunque su obra y actividad es intensa, preponderan la finura e inspiración de sus villancicos, quizá por esa ternura especial que como sacerdote- músico le embarga al ver, por ejemplo, que una virgen es madre, nada más y nada menos que del hijo de Dios.

     En la catedral toledana continúa su incesante labor, ya un tanto restablecido, con ese corito de ángeles que son los seises de Toledo y del colegio de Infantes, de donde proceden desde el lejano siglo XVI. Si no hubiera niños, los pintaría, me dijo una vez. Con ellos reanuda con amor la simiolvidada sabatina de antaño, con misa cantada en honor de Santa María, con ese celo y amor que le caracteriza para catequizar a los muchachos y adolescentes.

     En el seminario sigue siendo profesor y director del Coro, aunque con la valiosa colaboración del eficiente don Jaime León, que siempre canta fielmente sus misas y sus partituras.

     El trabajo del maestro celada puede decirse que siempre fue incesante, aunque un poco contra viento y marea. He sido, me confiesa, todo lo que me han dejado ser. Nunca hubo enemigos sino, a veces, incomprensión por parte de algunos. Y yo, que le conozco y le comprendo, sé muy bien a qué se refiere.

     No puede decirse si don Antonio es más músico que sacerdote o más sacerdote que músico. Son dos vocaciones que se identifican bien, pues ambas cosas son espiritualidad. Intenté ser más sacerdote, pero he sido lo que me han dejado ser..., repite con una enigmática sonrisa, no exenta de dulzura. Más adelante, comenta que quien quiera conocerle bien que lo lea, que escuche su música, sus villancicos inagotables.

     Cuando le preguntó a qué edad empezó a componer me dice que desde siempre. Fuie autodidacta primero y luego, poco a poco, me fui puliendo y perfeccionando en el Seminario Mayor.

     Su obra es ingente y, por supuesto, incesante, porque Antonio Celada no puede estar inactivo. Una vez me adelantó en plena calle porque dijo alegremente que yo iba muy despacio. A veces le hemos preguntado cómo es que ha podido en ocasiones, abarcar tanto. Con orden; desde que amanece hasta el fin del día, siempre con orden. Intentamos conocer qué es lo que más tiempo le lleva y qué le llega más al alma. Trabajo y compongo letra y música conforme a las necesidades y circunstancias donde me muevo, pero nos consta que lo que más le llena son sus niños cantores, sus seises; sin ellos no podría trabajar ni casi vivir. También los muchachos le quieren y obedecen, porque acuden a todos y cada uno de los ensayos. Hasta los que, al paso natural del tiempo les cambia de tesitura la voz, continúan en la escolanía cantando la voz segunda o acompañando al órgano los que estudian piano en su conservatorio, como él dice.

     Revisando el catálogo de sus obras, uno se pierde irremisiblemente. Ha puesto a toda clase de música su propia letra, así como la de los poetas tan poco afines como Santa Teresa y Alberti, Lope de Vega o García Lorca, porque don Antonio sabe muy bien que todos somos iguales para Dios, aunque en esta vida cada cual se defina de una manera para sí y con respecto a sus semejantes. Al preguntar al maestro si necesita Toledo o es Toledo la que le precisa  a él, parece como vacilar y recuerda a Gregorio Marañón, tan toledanista, a pesar de los toledanos, como él mismo afirmó.

     En el curso de su enfermedad, yo tuve, como Directora en funciones, que tomar las riendas del conservatorio y y no encuentro palabras para explicar lo mal que lo pasé. Allí faltaban sus riendas, unas veces flojas por el amor y la comprensión, otras tirantes como su gran temperamento. Algonas le han calificado, no sé si con razón o no, de autoritario, pero yo me atrevería a decir que Antonio Celada era y es una especie de ángel con genio, pero no malhumorado sino talentoso.

     Recuerdo que cuando de entre los profesores alguno cometíamos un fallo, nunca nos reprendió delante de nuestros compañeros. No. Don Antonio nos llamaba  a su despacho para pedir explicaciones de nuestra conducta y decirnos lo justo y lo preciso para rectificar. Y nadie salía decepcionado de la entrevista.

     Los años que estuvo conduciendo la difícil nave del centro musical que tantos sudores costó conseguir en Toledo, no tuvo Celada ni un momento de descanso en sus clases, sus misas, sus viajes a la Diputación para pedir y pedir para el centro lo necesario, y que todo siguiera progresando pianito. Si algún profesor o subalterno le pedía la luna, él solía decirnos, como para disculpar su impotencia en las ocasiones difíciles: donde hay patrón no manda marinero, aunque él siguiera luchando siempre, sin sosegar, en la nave difícil del conservatorio toledano.

     Cuando marchó, por necesidad de su enfermedad, quiso que constara en acta una carta que rezuma sentidas palabras de despedida.

&     Queridos amigos: con estas líneas quiero despedirme de una manera oficial de vosotros. Como despedida, breve, mi corazón no tolera otra cosa, pero no es por eso menos entrañable. Después añadía que sabéis que en mí tenéis un amigo a vuestra disposición, como intenté serlo siempre no sólo para defender vuestros intereses sino a nivel personal

     Aprovecho la ocasión -termina escribiendo- para pedir excusas a quienes haya podido decepcionar. Pido a Dios os ilumine para que carminéis en paz y gracias en este maravilloso quehacer de la formación musical. Un abrazo, Celada.

     Y... todos sentimos su marcha.

     Su último trabajo lo llevó a cabo en el instituto El Greco dando nociones de música en 1º de Bachillerato diurno y 2º del nocturno. Había conseguido su plaza en octubre de 1985 y se jubiló en septiembre de 1993. Sus compañeros le dieron una cena-homenaje y Celada les obsequió con una bella partitura titulada Adiós, y creo que allí dejó igualmente buena memoria de sí.

     El borrador del catálogo de su obra original abarca casi las 500 partichelas. Son fáciles de entonar, aunque nunca exentas de musicalidad. Algunas piececillas, como las dedicadas a las monjas o Liturgia de las horas son leves y jugosas, todas ellas sobre el tema de los salmos. Igualmente deliciosas eran sus lecciones de solfeo manuscrito, llamadas en música de repentización. Su caligrafía era impecable, cuidada hasta la exageración, pero donde realmente manifiesta su personalidad, aunque ya se haya dicho más arriba, es en los villancicos, su tema predilecto:

Manolín, Jesusín,

Jesusín, Manolín,

del cielo bajó

un dios chiquitín.

O aquel otro:

Cuando el niño divino

duerme en la cuna,

que nadie meta ruido

porque importuna.

Para luego dar un giro hacia la rondeña, dedicada a la bella Toledo, inspiradora incondicional de tantos artistas:

Toledo su nacimiento

con un castillo encantado,

con un río plateado

y con puentes en su lecho.

Hay casitas en sus montes

y pastores en su cerros,

un sol radiante en el cielo

y una luna por la noche.

En el Puente San Martín,

San José y su esposa amada

andan buscando posada

donde nazca el pequeñín.

Por la puerta del Cambrón

los pastores van cantando

porque han estado adorando

al Hijo eterno de Dios.

Soldados y capitanes

por el Alcántara corren,

traen orden del rey Herodes

de matar a los infantes.

Por la puerta de Bisagra

vienen cantando rondeñas

para quitarle las penas

al niño de mis entrañas.

Y resuena el estribillo,

zambomba y tambor

con buen mazapán

en la Navidad,

pastel y turrón.

 

     Este es el texto. En cuanto a su música, se podría decir como el romántico Mendelsshon que no se puede oscurecer con palabras su sentido genuino, hay que escucharla y sentir cómo llega hasta el fondo del corazón.

     No sólo compuso partituras breves, sino que cuenta en su haber con numerosas obras de singular envergadura como son, por ejemplo, sus misas a varios voces, entre las que cabe destacar la dedicada al cardenal Marcelo, la Mozárabe y la misa del Corpus, ya que Celada fue reavivando en Toledo el canto gregoriano y el mozárabe, toledano por excelencia, música éstá de tal valor artístico e histórico que sería desidia imperdonable dejarlo en el cajón del olvido, como ya se hizo con las partichelas del archivo catedralicio y de otros muchos, que existen músicas sin firmar esperando que una mano amiga y generosa las interprete con amor.

     A la Virgen de María, de la que don Antonio está prendado, le dedica en sus cánticos toda suerte de requiebros aun como título, desde sus Letanías a la Virgen del Sagrario o la Virgen Blanca que está en el coro de los grandes órganos ibéricos y donde cantan los muchachos de su escolanía y multitud de seminaristas, futuros sacerdotes. También la piropea llamándola Lucero del alba, Mi Virgencita, en diminutivo, o Niña de Dios, con letra de Miguel de Cervantes. Asimismo hay un Salta, pequeño Juan que se supone trata de la visita de María a su querida parienta Isabel, la estéril que a Juan Bautista alumbró, porque para Dios no hay nada imposible… La letra es del inolvidable sacerdote José Luis Martín Descalzo, que en gloria estará. Después podemos advertir la hermosura de su libro con Canciones a Castilla la Mancha y a Castilla León, que es su Castilla, y cantos destinos sefardita, tan toledano por historia y tradición.

     Otro trabajo del padre Celada muy de agradecer y valorar es la armonización de las Cantigas a Santa María de Alfonso X el Sabio, toledano de nacimiento, cuya música se canta ya por doquier.

     Ahora doy en recordar el primer concierto que preparamos el segundo año de conservatorio, ya con sede en San Juan de la Penitencia, edificio que data del siglo XVI, cuando don Antonio nos hizo sacar todos los pianos al patio de las Cantigas (que él llamaba) y, a coro, con el conjunto instrumental de su hermano Joaquín (entonces secretario), los pianistas y su Coral toledana, montamos un número musical que él escribiera amorosamente a tal fin. Se titulaba el Señor de los señores y era sobre el Corpus toledano. Estábamos todos tan emocionados de la hazaña musical que no recuerdo si salió bien o mal, pero sí que el público oyente no dejaba de aplaudirnos. Fue una jornada memorable.

     En fin, no sé si Toledo agradece al maestro Antonio Benigno Celada Alonso todo lo que ha hecho por él, sin presumir de nada, sino como lo hacen las grandes personas, porque sí. Pero yo firmo y pliego este humilde trabajo a quien, casi de puntillas, dejó a la posteridad todo lo bueno y grande que pudo y supo.

  • Canciones: Castilla la Mancha,192 composiciones para coro mixto.
  • Canciones: Castilla y León, 298 composiciones para coro mixto.
  • Canciones gallegas: 99 composiciones, entre las que se encuentran seis títulos premiados en distintos concursos nacionales y regionales.
  • Canciones infantiles:116 canciones.
  • Canciones selectas:199 composiciones, algunas con letra propia.
  • Canciones para la liturgia de las Horas:

          Antífonas:143, publicadas por el Secretario Nacional de Liturgia.

          Himnos en castellano y para la Liturgia de las Horas: 408

          Himnos latinos: 286.

  • Misas: 42 misas a una, dos, tres y cuatro voces.
  • Canciones al Señor: 290 composiciones.
  • Canciones Santa María: 230 composiciones.
  • Villancicos: 265 composiciones, muchos de ellas con letra propia.
  • Música para órgano: 45 obras, algunas de ellas premiadas en concurso nacional. 
  • Música para coro y orquesta: 27, algunas de ellas de envergadura.
  • Canciones sefarditas: 28.
  • 14 publicaciones:
  1. Canto de la Liturgia de las Horas, Secretariado Nacional de Liturgia: 143
  2. Directorio de la semana Santa de Toledo: 33.
  3. Cancionero a Santa María: 20.
  4. Canciones EGB, publicadas en tres casettes: 34.
  5. Los himnos de la Liturgia de las Horas, una pequeña colección.
  6. Libro de Vilancicos calegos, en donde se publican los premios Canta Galicia, publicado por Presidencia de la Xunta: 6, (son 54 composiciones a cuatro voces, algunas con letra propia).
  7. Villancicos de Castilla la Mancha, publicados por la Caja de Ahorros de Castilla la Mancha: 47.

          Total 2715 títulos.

 

Algunas de estas obras ya se han estrenado. La mayoría están inéditas y sin estrenar.

 

Por Manuela Lourdes Herrejón Nicolás (profesora de piano)