LA MADRE ESTRAGO

Cristina JARQUE y Lola BURGOS

 

Estructura y resumen del libro

 

Este libro habla del estrago que algunas madres ocasionan, (a veces de manera inconsciente), en las vidas de sus hijos, de la relación de devastación que se produce cuando la madre se apodera de la vida de aquél impidiéndole vivir su propio deseo o su propia vida. En nuestra sociedad, la madre es, generalmente, la encargada de comunicar y transmitir los valores de la estructura compleja que representa la familia en que el hijo crecerá y que, por tanto, lo marcarán en su quehacer vital.

La madre estrago está, por tanto, dirigido a todas aquellas madres que no quieren convertirse en madre estrago. Desde nuestra perspectiva, el primer paso para no ser responsable de este daño, sea pequeño o irreparable, es justamente ponerse en el camino del saber. Es nuestro deseo que la lectura de este libro ayude a muchas personas a creer que hay salidas y soluciones sanas al estrago y al sufrimiento que se produce en el interior de las almas atormentadas. Aun cuando creamos que todas las puertas se han cerrado, siempre hay una luz, si es nuestro deseo querer verla. 

    LA MÈRE RAVAGE

    Ce livre traite du ravage que certaines mères provoquent, (parfois de manière inconsciente), dans la vie de leurs enfants, de la relation dévastatrice qui se produit quand la mère s’empare de la vie de sa progéniture, en l’empêchant de vivre ses propres désirs ou sa propre vie. Dans notre société, la mère est généralement, celle qui est chargée de communiquer et transmettre les valeurs de la structure complexe que représente la famille dans laquelle l’enfant grandira et par conséquent le marqueront dans son « que faire » vital.

    REFLEXIONES SOBRE EL LIBRO LA MADRE ESTRAGO

    Por Cristina Jarque

     

    La madre estrago es un libro que surgió a partir de la observación, la reflexión y el análisis profundo que hemos tenido la oportunidad de realizar en torno a nuestro quehacer profesional. Reflexiones y análisis que giraban alrededor de una problemática muy actual: las relaciones afectivas y emocionales que se desarrollan en el seno familiar, las consecuencias de esos lazos afectivos entre padres e hijos, y que abarcan también otras generaciones más arriba en el escalafón genealógico, la de los padres de los padres, es decir: los abuelos, bisabuelos y demás ancestros que entran en el discurso de la historia de los sujetos en cuestión.

     

    Y es que todo ser humano pasa necesariamente por la experiencia de haber sido hijo. Es posible que alguna persona no haya  tenido la vivencia de ser padre o madre, porque, como bien sabemos, hay personas que no tienen descendencia. También puede ser posible que alguna persona no tenga tampoco la vivencia de ser esposo, porque nunca haya pasado por el estatuto del matrimonio, por lo que podemos ver que el ser hermano no es tampoco una experiencia generalizable, sino única, porque también hay quienes no tienen hermanos ya que son hijos únicos. Lo mismo podemos decir en cuanto a sobrinos, primos, tíos o abuelos. Pero el ser hijos, eso es algo muy diferente, porque todo el mundo ha pasado por ese estatuto, el de ser hijo o hija de alguien.

     

    Podemos decir que el lugar del hijo es un lugar que todo ser humano ha ocupado en algún momento de su vida, por lo tanto, es un lugar generalizable y del que se puede hablar como parte de la experiencia y de la vivencia de todo ser humano. Podría ponerse la objeción de que hay personas que no conocieron a sus padres, que fueron huérfanos desde el mismísimo momento en el que llegaron al mundo. Es posible que sea verdad, y que haya personas que nunca conocieron a sus padres biológicos, pero eso no les quita el lugar de hijos. Lo que queremos decir con esto, es que todo ser humano tiene una historia que contar en cuanto hijo, que esa historia sea hermosa o sea trágica, eso es parte de la particularidad, pero lo importante para nosotras, como psicoanalistas, es hacer patente que la historia en cuanto hijo o hija, (según sea el caso), existe y preexiste en todo ser viviente.

     

    Por ello, después de un tiempo de trabajar juntas en Toledo, España, impartiendo cursos y conferencias en torno a la teoría psicoanalítica, nos surgió la idea de escribir un libro que pudiera hablar de ese lugar que todo individuo conoce y ha experimentado: el lugar que cada quien ocupa como hijo. Muy pronto nos dimos cuenta de que la base de ese lugar está girando siempre alrededor de la función materna. Eso es muy sencillo de comprender desde el punto de vista psíquico, ya que sólo tenemos que darnos cuenta de que lo que impulsa la aparición de la vida de un bebé, concierne a lo que llamamos el deseo de la madre. Eso no quiere decir que el padre esté ausente, puesto que la experiencia nos indica que el padre tiene un sitio fundamental como función en todo lo que va a acontecer en la historia de un hijo. Pero es el deseo de la madre el que va a primar, porque sencillamente, es el cuerpo de ella y la mente de ella la que va a estar más implicada con la vida del nuevo producto en formación.

     

    Ésa es una de las razones por las que elegimos ese título para el libro, el de la madre estrago, para hacer énfasis en que todo surge a raíz de ese primer deseo: el de ella, el de la madre en cuestión. De allí que la primera relación a analizar será siempre la que se origine entre la mujer con su propia maternidad, y el bebé como hijo o hija, que será el producto del deseo que se establezca a nivel físico y psíquico de esa futura madre, encargada de darle no sólo la vida, sino también todo un patrimonio emocional cargado de una herencia particular, que será el principal legado del futuro sujeto, y que está inscrito y marcado desde mucho antes de que su nacimiento tenga lugar.

     

    Nuestro deseo para realizar esta escritura se manifestó al darnos cuenta de que en todas las ciudades en donde hemos tenido la oportunidad de dar conferencias: México, París, Madrid, Toledo, Lima, Barcelona y Santa Cruz de Tenerife, la mayor parte de las preguntas que aparecían en el público que nos escuchaba giraban siempre alrededor de este tema. No es ningún secreto para nadie, el hecho de que la relación madre-hijo es un tema cada vez más controvertido y más actual. Por otro lado, nos dimos cuenta de que al escribir un libro que hablara de la clínica psicoanalítica, podríamos contribuir con nuestro pequeño granito de arena, a transmitir las ideas de Sigmund Freud y Jacques Lacan. Casi todas las personas que nos escuchaban, habían oído hablar de Freud, el padre del psicoanálisis, como algunos le llaman. Y es que Freud (1856-1939) fue el inventor del psicoanálisis y quien descubrió el inconsciente. En cambio, pocas personas habían escuchado el nombre de Lacan, así que el libro es también una oportunidad para poder introducir el pensamiento del psicoanalista francés.

     

    Jacques Lacan (1901-1981) hizo una relectura de la obra de Freud, buscando reorientar el psicoanálisis hacia lo que él llamó un retorno a la obra original de Freud. Lacan consideraba que el psicoanálisis post-freudiano se había torcido, y que se había convertido en una lógica del lado de la biología, con una posición objetiva de la realidad, que no tenía nada que ver con el campo del inconsciente freudiano, tal y como él lo conceptualizaba. Lacan culpó a muchos de los psicoanalistas de su tiempo por haber deformado y fragmentado la teoría de Freud, lo que le llevó a ser expulsado de la I.P.A. (Asociación Psicoanalítica Internacional), y crear su propio movimiento y escuela psicoanalítica. Su tarea consistió en reinterpretar y ampliar la práctica psicoanalítica, construyendo una lectura de la obra freudiana basada en el concepto de estructura. Buscó argumentar su pensamiento en varios campos e incorporó nociones de origen lingüístico, filosófico y topológico que lo llevaron a redefinir muchos de los principales términos del léxico psicoanalítico, (por lo que a mucha gente le parece de muy difícil acceso), y a formular la tesis por la que se le identifica, además de aseverar que el psicoanálisis no era una práctica infinita, sino que tenía un final, a lo que le llamó el final de análisis o el final de la cura analítica, instituyendo el dispositivo del "pase", que tiene el objetivo de dar cuenta del final de la cura de los analizantes.

     

    Para nosotras ha sido trascendente poder tener la oportunidad de transmitir el pensamiento del psicoanálisis desde la postura lacaniana, que es la escuela a la que pertenecemos, porque hemos comprobado que al practicarla, existen realmente cambios en el sufrimiento de las vidas de los sujetos, y en la comprensión de las repeticiones inconscientes que producen ese sufrimiento. Hoy en día aparecen constantemente novelas y ensayos en donde se trata el tema, ya que cada día son más las personas que se dan cuenta la importancia fundamental que tiene para un sujeto, analizar su vida y todo aquello que vivenció desde aquellas épocas remotas: las de la más tierna etapa infantil.

     

    No se necesita ser psicoanalista para saber y comprender que lo que se ha vivido en esa etapa infantil, tiene consecuencias y repercusiones psíquicas y emocionales de gran calibre, porque es lo que permite que el sujeto se constituya en un adulto, con una estructura mental y una estrategia de vida, en otras palabras: esas vivencias infantiles experimentadas en la cuna familiar de cada quien, es lo que nos hace ser lo que somos, pensar lo que pensamos, actuar lo que actuamos, es decir: convertirnos en los adultos que somos cada uno de nosotros.

     

    No obstante constatar el deseo que emergía con fuerza dentro de nosotras, sabíamos que estábamos introduciéndonos en un tema controvertido y complejo; sobre todo, porque hablar de la madre (especialmente, en nuestros países de habla hispana), sigue siendo una cuestión casi sagrada, algo que entra en el orden del tema tabú. Parece que es mucho más fácil poder expresar las virtudes de las madres, la parte bondadosa de la maternidad que se supone que existe en toda mujer; eso está bien visto: la voz que habla bien de las madres, es una voz que quiere ser escuchada, una voz bienvenida. Sin embargo, hablar de los defectos, o de la parte negativa de las madres, eso no gusta nada, incluso, a veces, es escuchado con recelo.

     

    Si no se tolera escuchar la parte negativa de la maternidad, hablar del estrago, tendría entonces lugar de sacrilegio. Queremos decir que para nosotras, la razón principal de esta escritura es destituir esa idea. La madre estrago no tiene por qué ser un tema tabú; por el contrario, creemos que la única manera de evitar los daños devastadores entre las relaciones de amor, es, precisamente, poder analizarlas, escribir y hablar sobre ellas, para que, de esa manera, se logren encontrar las causas y los orígenes de esas relaciones amorosas enfermas, que eviten su repetición.

     

    Queremos decir que hemos decidido poner nuestro mejor esfuerzo para lograr comentar ciertos acontecimientos que poseen una estructura lógica inconsciente, a nivel psíquico; acontecimientos que se van enlazando unos con otros, desde generaciones atrás, que van repitiéndose en las historias de las personas, causando sufrimientos, que pueden ir desde daños menores, incluso imperceptibles para el sujeto, (aunque no por ello menos importantes puesto que producen dolor a la persona y boicotean su vida), hasta daños medianos e incluso de verdadero estrago. Articular esos estragos, era nuestra primera tarea, y para ello, decidimos recurrir a la única posibilidad que nosotras pensamos que podía ser posible: hablar de casos particulares, ya que ambas estábamos de acuerdo en que queríamos escribir un libro que ofreciera una lectura accesible a todo público, es decir, que no queríamos que fuera un libro especializado con un lenguaje incomprensible, que estuviera fuera del alcance del público en general.

     

    Nuestro deseo siempre estuvo comprometido con la idea de poder hacer llegar esos conocimientos a cualquier persona que estuviera interesada en una cosa muy simple: querer saber. Así que nos dimos cuenta de que no es posible generalizar los daños que puede ocasionar una madre estrago en sus hijos. La razón es simple: ningún hijo es igual a otro, bien dicen que ningún dedo de la misma mano es igual al otro. Cada hijo tiene su propio lugar en el corazón de una madre, esto es, en el deseo de ella.

     

    No es lo mismo la historia de un hijo muy deseado por la madre, que la historia de un hijo no deseado por ella. No es lo mismo un varón que se espera con gran gusto, que un varón que nace cuando se deseaba una niña, o viceversa. No es lo mismo tener un hijo cuyo padre es el hombre amado, que un hijo cuyo padre fue impuesto. Por esas múltiples razones, porque sabemos que cada caso es particular y único, decidimos hablar de esa forma: caso por caso y particularmente.

     

    Es importante comentar que los casos que hemos expuesto en el libro son casos anónimos. Casos de pacientes que han sido escuchados en diferentes instituciones y en diferentes ciudades y países, en donde ha habido la oportunidad de escuchar el sufrimiento de sus historias. Puede suceder que algún lector sienta que su historia personal se asemeja a alguno de los casos que comentaremos en este libro, en caso de que así sea, podemos decir que el sufrimiento humano tiene convergencias y puntos de afinidad diversos. Aquellos hijos que han tenido como destino una madre estrago, de alguna manera encuentran cierta relación con lo propio, cuando leen algo vinculado a la nefasta influencia de este tipo de madres.

     

    También queremos advertir que las historias que hemos comentado pueden conmover al lector, lo que llamamos sentirse concernido. Si esto ocurre, es muy posible que sea porque la relación que existe con el sufrimiento de haber tenido una madre estrago, es algo que concierne a todos aquellos hijos que pueden reconocerse en esas historias. Ojala que aquéllos que sufren por causas similares a los casos que presentamos, logren encontrar en la lectura la posibilidad de saber que, por muy desesperados que estemos, y por muy atormentada que esté nuestra alma fracturada y doliente, siempre hay una luz: la luz que nuestro deseo quiera encontrar y pueda lograr vislumbrar al final del túnel. Por eso recurrimos a casos de la clínica psicoanalítica, siguiendo la ética de que fueran casos de pacientes anónimos, pero que nos permitieran plasmar esos daños que parecen inalterables, pero que, en realidad, no lo son, porque, desde nuestra perspectiva, un análisis profundo podrá permitir una rectificación, es decir, una modificación de las actitudes de la persona en relación a esos daños devastadores.

     

    Reiteramos que al hablar de la madre estrago no estamos hablando exclusivamente de las mujeres que ocupan el rol materno, sino también de toda la estructura que preexiste en torno a esas mujeres, que serán las futuras madres estrago de sus hijos. Es fundamental decir que esas mujeres han sido hijas también y han tenido un discurso que las precede y que las coloca dentro de un entramado que las constituye. Posteriormente, esas personas, a su vez, se convierten en madres y no saben cómo evitar los daños que ellas mismas han sufrido por parte de sus propias madres y de sus propias familias. Por eso decimos que el psicoanálisis no juzga ni condena, lo que se hace en un psicoanálisis es simplemente analizar las historias, las relaciones entre los acontecimientos, las causas de los actos y las consecuencias que se han producido entre los implicados, para poder encontrar soluciones sanas a las problemáticas de cada persona y de manera individual.

     

    Por esta razón, al hablar de las madres, no estamos de ninguna manera excluyendo a los padres, pues hay un vínculo estrecho entre ambas figuras parentales, así como el lugar y la función que ocupan en el hijo. De hecho, hablar de la madre estrago, implica hablar de toda la estructura familiar, que es una estructura compleja, lo que llamamos la cuna de cada quien, dónde le va a tocar como destino nacer a un sujeto determinado. Pero hay que tomar en cuenta, como ya hemos explicado, que es la madre, con su deseo de madre, la encargada de comunicar y transmitir los acontecimientos de esa estructura familiar compleja de la que hablamos, y que marcará al hijo y tendrá grandes influencias sobre ese hijo.

     

    No obstante, como podremos percibir en los casos que vamos a presentar, la función de la madre está unida a la transmisión de la figura paterna, la autoridad y la ley. La manera cómo la madre vive su propia relación con el padre y con la ley, se verá reflejada en la transmisión que con sus palabras la madre comunicará al hijo. Todos esos acontecimientos, muchas veces, son los responsables de la relación dañina madre-hijo, que en algunas ocasiones podemos observar durante el tratamiento psicoanalítico.

     

    Es importante señalar que, aunque no todas las madres, son madres estrago como las de los casos que vamos a presentar, siempre hay alguna problemática en la relación madre-hijo. Podemos decir que la problemática es de orden estructural porque no existe ni la madre perfecta ni el hijo perfecto. De alguna manera el estrago, (si se le toma como un daño), está presente en todos los casos, porque en algún momento el hijo se quejará de la madre y la hará responsable de algún daño, dolor o sufrimiento. Ese no es el estrago del que vamos a hablar. El hijo decepcionado de la madre, el tirano que vive quejándose y echando la culpa a la madre de su propia mediocridad, el hijo chantajista y parásito es tema para otro libro. Nosotras hablaremos del estrago causado de la madre hacia el hijo, no el del hijo hacia la madre, allí donde la madre considera que su vida, es la vida del hijo. Cuando la madre se apodera del hijo, impidiéndole vivir su propio deseo o su propia vida.

     

    No queremos dejar de transmitir que este libro está dirigido a todas aquellas madres que no quieren convertirse en madre estrago. Porque desde nuestra perspectiva, el primer paso para no ser responsable de ese daño irreparable, es justamente ponerse en el camino del saber. Querer saber, es el primer paso que debe de dar una madre en su búsqueda para no convertirse en madre estrago. Conforme hemos ido construyendo la escritura de este libro, las ideas han ido surgiendo, sostenidas siempre por el motor del mismo deseo: el deseo de poder transmitir, el abanico de posibilidades, que se abre ante un sujeto que decide emprender un tratamiento psicoanalítico.

     

    Es sabido, que los psicoanalistas hablamos desde un lugar que no sólo se ubica en el discurso teórico; por el contrario, el verdadero lugar desde donde se habla, es desde ese lugar que se ocupa, cuando se ha pasado por la experiencia analítica personal. Dar cuenta de lo que ha ocurrido en un análisis es la tarea que nos hemos propuesto llevar a cabo mediante esta escritura, pues sabemos que lo que conlleva, son cuestiones particulares, que no se repiten de la misma manera de un caso a otro caso. Las consecuencias de un análisis, son resultados singulares, que se van dando en cada paciente, por eso decimos que, tanto efectos, como consecuencias, son una cuestión exclusiva de cada quien.

     

    Sin embargo, lo que si es cierto, es que podemos observar que al final de un análisis, se puede percibir un estilo propio de cada sujeto, que se nota en su particular manera de vivir la vida después de haberse analizado. Es por eso que muchas personas hablan de un antes y un después de la experiencia analítica, porque hay una modificación en las actitudes de los sujetos, que es a lo que hemos llamado la rectificación subjetiva.

     

    La rectificación subjetiva implica precisamente una transformación del sujeto en relación a su particular manera de vivir la vida, de amar, de sufrir, de enfrentar los obstáculos y los problemas que acarrea la existencia humana, tal como la concebimos a partir del lenguaje, en el que todos los sujetos vivientes, estamos inmersos. Es nuestro deseo que, ciertamente, existan muchas personas que al leer este libro logren identificarse a alguno de estos casos, para que, de esa manera, puedan comprobar que hay salidas y hay soluciones sanas al estrago, a la devastación, al sufrimiento intenso y turbulento que se produce en el interior de ciertas almas atormentadas y fracturadas. Porque, aun cuando en algunas ocasiones creamos que ya no tenemos escapatoria, aun cuando pensemos que todas las puertas se han cerrado, siempre hay una luz, si es que nuestro deseo es querer verla. Esa es la apuesta que hemos querido hacer con esta escritura.

     

    REFLEXIONES SOBRE EL LIBRO LA MADRE ESTRAGO

    Por Lola Burgos

     

    De forma consciente, nunca se me pasó por la cabeza escribir. Aunque cualquiera lo diría, dada la profesión que he elegido. El hecho mismo de pasar por la Universidad con un deseo real de saber conduce prácticamente de forma obligada a escribir, aunque fuera sólo artículos o escritos dirigidos al circuito universitario o al gremio al cual pertenezco.

     

    Pero hacer un psicoanálisis supone esencialmente reescribir la propia historia personal, la propia “novela familiar del neurótico” como decía Freud. Aunque esta escritura tenga forma hablada y el soporte sea el diván. Pero si uno quiere alcanzar, o mejor dicho, empezar a plantearse la posibilidad de un final de análisis, final entendido no como punto y final, sino como punto y seguido, escribir de forma literal es una condición casi indispensable.

     

    Tuve un primer empuje consciente para escribir algo de cosecha propia, a través de un profesor de la universidad muy querido para mí. Además, no por casualidad, como sabemos por el psicoanálisis, este profesor fue el primero al que escuché hablar de Jacques Lacan. Recuerdo que dijo que escribiera algo relacionado con el cuerpo. Así sólo, sin más. Yo me quedé entre perpleja, emocionada y agradecida. Emocionada y agradecida porque un profesor de tal calibre me sugiriera la posibilidad de escribir algo, ya que me demostraba que me creía capaz de hacerlo; y perpleja, porque yo realmente no me sentía con esa capacidad, aunque en mi fuero interno lo deseara. Pero lo que sentía era que mi cabeza estaba en blanco, más bien en negro, que de mi cabeza no surgía nada….

     

    Cierto que realmente mi primera transmisión, ésta inconsciente, fue la imagen que yo tenía de pequeña, en el comedor de mi casa, de ver a mi madre sentada en un sillón leyendo libros y escribiendo cuadernos y cuadernos, que luego guardaba amontonados en los armaritos de la vitrina del comedor estilo español. Después, en los típicos momentos de aburrimiento infantil en los que me dedicaba a “registrar” los recovecos de mi casa, encontraba estos cuadernos y me imaginaba que lo escrito ahí debía ser muy interesante para mí, aunque apenas entendía nada de lo que ponía. Mucha más tarde, en aquellos momentos en los que surgía el tema en mi casa de si yo iba a ir o no a la Universidad, mi madre me decía que a ella le habría gustado ser periodista si hubiera podido estudiar. Para mí, ser periodista era, y es, sinónimo de escribir. Yo interpreté ese deseo de mi madre como una incitación a que yo lo llevara a cabo, a que yo realizara su deseo. Pero para mi eso era un deseo imposible, no me cabía en la cabeza la posibilidad de que yo pudiera escribir, porque no sabía ni cómo hacer ni qué decir…. Fue algo parecido a lo que sentí cuando mi profesor me dijo aquello de escribir algo sobre el cuerpo.

     

    Después de estos hechos, no es casualidad que mi primer escrito esté relacionado con la madre. Y han tenido que pasar más de 20 años para que en mi cabeza surgiera algo que pudiera poner en palabras. Pero esto ha sido posible gracias a mi paso por un psicoanálisis, en donde he podido, como dije antes, reconstruir mi historia a través de la palabra, y eso me ha permitido escribir algo relacionado con este viaje.

     

    Recuerdo también haber tenido un amigo que escribía y que ganaba premios literarios. Yo le preguntaba cómo se hacía eso de escribir. Él me decía que a partir de una idea, de una frase y luego a través de asociaciones, se construía la historia. Y es así, al menos para mí. Y no es por casualidad, que es así como uno se psicoanaliza, a través de la Asociación Libre, método que inventó Freud.

     

    Es muy difícil transmitir lo que es, lo que significa, el peso que puede llegar a tener el Psicoanálisis. A un escéptico puede parecer banal e insustancial lo que una persona puede llegar a descubrir sobre sí misma y los demás a partir del Psicoanálisis. Pero esa banalidad superficial esconde vivencias, afectos, recuerdos y experiencias subjetivas, que determinan la vida de una persona. Los desarrollos que hace Jacques Lacan de la invención de Sigmund Freud ponen de manifiesto que cada palabra puede llegar a tener tantos sentidos como personas hay en el mundo. Y el riesgo que tenemos, como muchas veces ocurre, es que no podamos llegar a entendernos. Pero entre el extremo de lo banal, burdo o vulgar, por una lado, y lo ininteligible, críptico y oscuro, por otro, existe mucho margen para hacer accesible un saber que puede ayudar a vivir un poco mejor a todo aquel que quiera escucharlo.

     

    El Psicoanálisis es útil, sirve. Sirve para sufrir menos. Se sufre menos porque nos da el poder para entender más. Entender más reduce la ambigüedad, la incertidumbre, la angustia. Y se sufre menos porque ayuda a aceptar mejor, de vez en cuando, aunque no siempre, aquello que no se puede llegar a entender. El precio a pagar es que no se puede establecer a priori un número determinado de pasos que lleve a cualquier persona a entender y a solucionar los problemas que la vida nos plantea.

     

    Ese querer entender es lo que me mueve a la hora de querer divulgar el Psicoanálisis, es decir, poner mi granito de arena para poner al alcance del público algo de lo que se trata en Psicoanálisis. Y esto no significa que ahorre trabajo a aquel que quiera acercarse a este tema. Pero dado que es útil, sería un acto de aislamiento no compartir la posibilidad de abrir ese interés a otros. Cuando entiendes algo complejo, algo que ha sido un enigma, se forma un deseo en tu interior que te mueve a transmitirlo, a compartirlo. Y es en esta tarea en la que ahora estamos inmersas.

     

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